DIALOGOS CON DEMIAN

Demián:

Te busco en la tinta de estas letras.

Me respondes con delicado silencio,

pero te escucho.

Espero aquí,

en la tranquilidad de una habitación a media luz.

No hay nadie, Demián,

sólo trozos de un fragmento que se parece a mí.

Recuerdos, algunas nostalgias.

La lluvia me trae èso,

juntas derramamos el mar por los ojos.

A veces llorar es bueno,

te aligera el espíritu,

ese lugar noble que nos caracteriza

y nos busca y nos instala un poquito de esperanza,

de fe, de amor.

En esta noche dentro de la noche,

invoco a pequeñas sombras

que se mueven de un lugar a otro,

justo así, como un beso enredado en otro

y en otro y en otro,

y se detiene en los mismos labios

para recordarnos que efectivamente,

aún hay esperanza,

que aunque se detenga el cosmos,

nos queda esto,

justo este momento en donde un verbo

pronuncia nuestro nombre.

Sí, Demián, de la nostalgia pasé a la tristeza.

Se van , Demián, todos se van.

Y yo sigo aquí, aquí,

en el mismo lugar donde algún día,

tuve la oportunidad de mirarte y saberte real.

Las partidas me quiebran, Demián,

me vuelven otra vez,

una pluma sin matiz, sin gama.

Duele mucho, duele mucho.

Carajo, Demián, tengo frío y no tengo su abrazo,

ni sus ojos, ni su boca,

no tengo su piel cubriendo la mía con un " te amo" .

Estoy aquí, inmóvil, involuntariamente inmóvil.

No puedo caminar, sólo camina el tiempo,

la sal y todo este embrollo de mi mente

que lo extraña y que inútilmente
puedo atrapar en la memoria.

Abrázame, Demián...

Tengo frío.

Recurro a ti , para que llegues aunque no llegues,

para imaginar que tendré una estrella en tus brazos,

una que no me olvide

aunque sea por un par de horas.

No pido más, sólo un abrazo que me estruje

y me libere de mí misma.

 

Zabé Covarrubias