Gobierno, ¿dónde estás?

En estos momentos de tragedia nacional no pasa por alto pensar, al menos fugazmente, en la increíble coincidencia entre el temblor de hace 32 años (1985) y el de hace unos días: ambos ocurridos el 19 de septiembre; los dos sinónimos de tragedia –guardando las respectivas proporciones, pues el de 1985 dejó más de 10 mil muertos-. Pero no sólo es la coincidencia en el día, lamentablemente, también coincide el letargo, la pésima administración y la escasez de medicamentos y aplicación de medidas de control y contención para los damnificados en los momentos cruciales; todo ello, tristemente, producto de lo que permanece en la clase política: la corrupción.

 

Quienes el martes pasado vivimos el simulacro conmemorativo del trágico terremoto de 1985, también fuimos testigos de la parafernalia y la, por supuesto, provechosa ocasión para que Enrique Peña Nieto y su administración presumieraque su gobierno puede manejar una situación de tal magnitud. Una gran cantidad de medios cubrió el acto el 19 de septiembre,a las 11 de la mañana. Nos ha quedado claro que no hay tal: dos horas después, se presenta un terremoto de 7.1 en escala de Richter, con sede en el estado de Puebla.La tragedia nuevamente estaba aquí, presente, la terrible sacudida de nuestras viviendas fue una señal para hacernos saber de la debacle que se viviría en las próximas horas en la Ciudad de México y enlas zonas afectadas, que en este caso fueron los estados de Puebla, Morelos y Estado de México, principalmente. ¿Los representantes del gobierno? Fueron los últimos en aparecer en la escena. Los primeros, nuevamente, como hace 32 años: la sociedad civil mexicana.

 

El pueblo mexicano es conocido históricamente por su solidaridad, por tender su mano a cualquiera que lo necesite, de eso no queda ni la más mínima duda. Esta tragedia ha puesto otra vez de manifiesto que la fuerza de México radica en su gente y que su principal debilidad es su gobierno.

 

Antes de seguir, cabe aclarar un par de puntos: uno, no se trata de propagar la idea de que el gobierno debe hacerse cargo de nuestras existencias y resolver nuestros problemas más cotidianos; dos, tampoco intento politizar esta tragedia pero sería un grave error deslindar lo que sabemos está unido estrechamente, los fenómenos naturales y las afectaciones derivadas de ellos por un lado y,por otro, el más importante: la reacción del gobierno y las instituciones para enfrentar este tipo de catástrofes y con ello evitar a toda costa la pérdida de vidas. Sí, porque para ello se postulan, se promocionan, nos representan y para ello existen instituciones como el Sistema de Administración Tributaria (SAT) que puntualmente recauda los impuestos para mantener la infraestructura de lo que requerimos para vivir en sociedad; existe una serie de organismos que lleva al pie de la letra la tarea de concentrar y pagar a nuestros ilustres diputados, senadores y gobernantes, para que a su vez ellos dirijan y promuevan lo necesario para salvaguardar nuestras vidas en los ámbitos correspondientes.

 

Bien, ya sabemos que no es así; pero también, si algo ha quedado claro estos días, es que las cosas no pueden continuar de esta manera.

 

Independientemente de la solidaridad del pueblo mexicano, de la fraternidad y la voluntad de sacar adelante a nuestros hermanos, yo quisiera saber –y estoy segura que muchos otros mexicanos también-, ¿dónde estaban los suministros, las medicinas, las herramientas necesarias para agilizar las tareas de rescate? Cuestión aparte es que la ciudadanía decida apoyar, done y se ofrezca como voluntaria para llevar a cabo labores de rescate y organizar el acopio; sin embargo, los primeros que debieron abastecer y brindar todo el material eran las instituciones gubernamentales, ésas de las que el gobierno federal tanto presume, alardea y hasta invita a respetar dentrodel “marco de la ley”.Esto, simplemente, porque es su función y para ello recaudan.

 

La cuestión no queda ahí, o al menos no se trata de una sarta de diatribas antigobierno, lo que hay que destacar es el evidente desfase de la actuación de esta administración –sin olvidar la corrupción que lleva en sus entrañas-, respecto de las exigencias de la sociedad civil mexicana.

 

Hoy queda claro que Enrique Peña Nieto y su administración pecan de nostálgicos al implementar las viejas tácticas priistas que les funcionaron por setenta años, pero que de ninguna manera pueden ejecutar ahora sin que la sociedad se los reclame. Ya no estamos en el México donde el gobierno decidía qué se publicaba y qué no, en los grandes medios de comunicación –aunque siga pretendiéndolo con Televisa como principal aliada y ciertos periódicos-, pero parece que hay que recordárselos en las próximas elecciones.

 

Las palabras sin coherencia que emitió aquella noche el máximo mandatario del país -fuera de proporción con los acontecimientos del día-, la falta de pronta atención en diversos lugares siniestrados, así como de víveres y herramienta, derribaron de inmediato aquel teatro simulado en la mañana del 19 de septiembre de este 2017, simplemente para dejar en claro que para cuestiones vitales con el gobierno no se cuenta, sí para saqueos, corruptelas, desfalcos y crímenes.

 

Ojalá que no se quede en simple ilusión, que aprovechemos este impulso, esta unión, que nos levantemos de este amargo episodio y conservemos la fuerza para, en lo que sigue, exigir la restauración de México en todos sus sentidos; en sus construcciones, sí, pero también en sus instituciones y principalmente en el gobierno que merece esta gente, que está luchando incansablemente… porque en definitivo, el actual, no es ni la mitad de lo que debemos de tener. 

 

                                                                                                                      Valentina Tolentino