"Haciendo lectores" #Puropensamientocritico

Nuestras obras:

¿Qué sucede cuando la herencia de una madre  a su hija no es más que dolor y enfermedad mental?, ¿Se puede beber del seno materno traición, venganza, odio e ira? Poco se dice de las relaciones familiares entre mujeres, madres e hijas, madres y abuelas, que muchas de ellas han sido tejidas con lazos de dolor y frustración, hilos que se heredan de generación en generación como crisis existenciales ajenas. Es la historia contada en esta escalofriante novela de Adriana Gracias Flores, Vidas Baldías: una madre a quien el tiempo y la vida no han traído ni un destello de felicidad, y quizás por lo mismo ha encontrado un extraño y enfermo goce en el sufrimiento ajeno: qué mejor si es hacia otra mujer, qué mejor si es hacia su misma hija y qué mejor si conduce a ésta hacia la demencia, hacia la esquizofrenia. Esta novela pone al descubierto el tabú de la muchas veces tormentosa y dañina relación entre madre e hija, un vínculo difícil de deshacer por la naturaleza de la unión donde se halla una vergonzosa paradoja: la que da la vida también puede ser capaz de quitarla, o peor aún, de destrozarla lenta y profundamente. Porque la literatura no sólo sirve para contar historias; la literatura revela la verdadera condición humana, aunque a veces no nos guste esa revelación.

 

 Pasto Verde es la novela contracultural que rompe con la literatura mexicana indigenista y revolucionaria, y que pone como ambiente principal a la urbe, a la vida citadina de la capital mexicana. Hasta entonces –fines de los años sesenta del siglo pasado– México era demasiado square o cuadrado, decía El Par. ¿Pasar de la niñez a la adultez, casi en automático?, ¿sin espacio ni tiempo para dejar salir a la hormona adolescente ni para contemplaciones existenciales? Mucho menos dejarse llevar por alaridos musicales: para los jóvenes, el camino era estudiar, casarse, tener hijos y ser la digna cabeza de familia. De vez en cuando salir a una cantina para escuchar a Agustín Lara o a Julio Jaramillo, es decir, pasar de ser niños a ser casi todos unos “dones” –o sea, señores–, sin escalas.

No había lugar para el rock ni para la raíz de éste: el blues. Quizás en su insistencia de dar cuenta en la literatura de la esencia libertaria del rock, el autor nos entrega en este delirio fragmentos de canciones en inglés, muy atinadas para desarrollar su catarsis, mostrada ésta como una mezcla de protesta, cambio epocal y humor sardónico… todo lo cual viene en dosis de irreverencia –la manera en que juega con el español y el inglés es una bofetada hacia el lenguaje y discurso solemne de su época.

 

 Este libro es una serie de relatos, hay una novela corta, poemas, prosa poética y la inclusión del guión de un cortometraje inédito –Comunión–; los cuales se pueden leer por separado… quizás Parménides García Saldaña de algún modo supo que no tendría el tiempo de armar una novela completa, aunque esa fuera la intención inicial, por eso nos la dejó en forma de relatos, para que sus lectores pudiéramos deleitarnos con cada extracto, de manera individual, de forma inversa, intermedia, alterna, como sea; al modo de Rayuela, de Cortázar (a quien hace referencia varias veces) o como las fichas o borrador que dejó Vladimir Nabokov de lo que igualmente tenía intención de ser una novela y que finalmente se publicó como El original de Laura.

El callejón del blues es un título idóneo para describir los temas asiduos de esta obra: el acabose de la juventud, la melancolía que dejan los sueños rotos, la desolación y el desamor… como alguna vez el propio autor declarara: “el azul es el color de la melancolía”… y el azul es el color del blues.

Se viven tiempos de vértigo, una época donde la rapidez es la medida de la vida cotidiana y la información es parte importante de la cultura urbana. Las ciudades emergen como las principales difusoras de la cultura y desde ahí parten la economía global, las comunicaciones, la vida social y política. A este fenómeno Manuel Castells lo ha llamado la sociedad de la información. 

Las personas que interactúan en ella poseen una cultura general y de género -comportamientos atribuidos desde el nacimiento, dependiendo de los órganos sexuales- constituida por valores tradicionales y modernos. 

Dentro de dicha sociedad -donde cada vez más se mezcla la realidad material con la virtual- se da otro fenómeno, en el que a través de la comunicación se reflejan los comportamientos de género, por medio de estereotipos con los que continúa la subordinación histórica que han vivido las mujeres, caracterizada en la actualidad por la objetualización sexual y la representación social del cuerpo en el ciberespacio. 

A través de este ensayo, la autora describe la violencia psicológica cristalizada en Facebook, poniendo al descubierto el grillete que imposibilita a la mujer para alcanzar la autonomía y liberación de sí misma.